Sněhová královna. Sedm pohádek / La Reina de las Nieves — read online. Page 2

Czech-Spanish bilingual book

Hans Christian Andersen

Sněhová královna. Sedm pohádek

Hans Christian Andersen

La Reina de las Nieves

A Gerda jí vyprávěla všechno. Stařena potřásala hlavou a říkala: „Hm, hm!“ Když jí Gerda všechno vypověděla a otázala se jí, neviděla-li malého Kaje, řekla stařena, že sice nešel okolo, ale že jistě půjde, jen aby nebyla smutná a raději si pochutnala na jejích třešních. A ať se podívá na její květiny, které jsou krásnější nežli jakákoli obrázková kniha, neboť každá květina dovede vypravovat celou pohádku. Pak vzala Gerdu za ruku a vešly do chaloupky.

Gerda se lo contó y la vieja, moviendo de vez en cuando la cabeza, decía: «Humm… Hum!». Una vez le hubo relatado todo, le preguntó si había visto pasar por allí al pequeño Kay; la mujer respondió que no, que Kay no había pasado ante su casa, peroq ue sin duda vendría y que no debía preocuparse! ahora lo que teniía que hacer era comer sus cerezas y contemplar sus flores, mucho más bellas que las que aparecen en los libros; además, cada una de ellas sabía contar un cuento.

Stařena zavřela za sebou dveře.

La vieja cogió a Gerda de la mano, entró con ella en la casa y cerró la puerta.

Okna tu byla vysoko, až u stropu, a tabulky v nich byly červené, modré a žluté. Denní světlo sem padalo velmi podivně a hrálo všemi barvami. Na stole byly překrásné třešně a Gerda si jich směla vzít, co chtěla.

Las ventanas estaban muy altas, los cristales eran rojos, azules y amarillos y, en el interior, la luz adquiría tonalidades extrañas; había sobre la mesa un plato de riquísimas cerezas y Gerda comió tantas como quiso, pues para eso no le faltaba valor.

Co takto jedla, česala ji stařena zlatým hřebenem, až se Gerdě kadeřily vlasy a velmi pěkně se leskly do žluta okolo malého přívětivého obličeje, který byl okrouhlý a podobal se růžičce.

Mientras comía, la vieja la peinaba con un peine de oro; sus hermosos cabellos rubios caían rizados y brillantes enmarcado su linda carita de rosa.

„Takovou sladkou dívenku jsem si již dlouho přála mít!“ řekla stařena. „Však uvidíš, jak se nám spolu dobře povede!“

— Siempre tuve deseos de tener una niña como tú — dijo la vieja — Ya verás qué bien nos llevamos las dos.

A co tak česala malé Gerdě vlásky, zapomínala Gerda víc a více na svého kamaráda Kaje. Stařena se totiž vyznala v čárech, ale nebyla zlou čarodějnicí. Čarovala jenom trochu pro své potěšení a chtěla si malou Gerdu podržet.

A medida que le peinaba los cabellos, más y más la pequeña Gerda se olvidaba de Kay, su compañero de juegos, pues la vieja, aunque no era malvada, sabía de magia; en realidad, sólo ponía en práctica sus artes mágicas para distraerse y, por el momento, lo único que pretendía era retener a su lado a la pequeña Gerda.

Pak vyšla do zahrady a zvedla svou berličku nade všechny růžové keře. Třebaže růže překrásně kvetly, zapadly náhle do černé země, že ani nebylo vidět, kde stály.

Con este propósito, la anciana salió al jardín, extensió su cayado hacia los rosales, que estaban cargados de bellísimas rosas, y al instante todos ellos desaparecieron, hundiéndose bajo la tierra negra; no quedó ni el menor rastro de ellos.

Stařena se totiž bála, že by si Gerda vzpomněla na své vlastní růže, kdyby zde spatřila tyto květy. Tu by se také upamatovala na Kaje a utekla by jí.

La vieja temía que si Gerda veía las rosas se acordaría del pequeño Kay y querría marcharse a proseguir su búsqueda.

I vedla Gerdu do květnice. — Co zde bylo vůně a krásy! Všechny květiny, jaké si jen možno pomyslit v kterékoli době roční, stály zde v plné nádheře. Žádná obrázková kniha by nemohla být pestřejší a krásnější.

Luego, condujo a Gerda al jardín de las flores … ¡Oh, qué fragancia y qué esplendor! Había allí flores de todas las estaciones del año; en ningún libro de láminas podría encontrarse tanta belleza y variedad.

Gerda poskakovala radostí a hrála si, až slunce zapadlo za vysokými třešňovými stromy. Pak jí stařena ustlala v pěkné postýlce s červenými, hedvábnými poduškami, protkanými modrými fialkami. Spalo a snilo se jí tuze krásně.

La niña daba saltos de alegría y disfrutó del jardín hasta que el sol se ocultó por detrás de los cerezos; por la noche, durmió en un magnífico lecho con mantas de seda roja bordadas con violetas azules y tuvo unos sueños tan hermosos como los de una reina en el día de su boda.

Druhého dne si směla opět hrát s květinami v teplém slunečním svitu; a tak to šlo mnoho dní.

A la mañana siguiente, estuvo de nuevo en el jardín, jugando con las flores bajo los cálidos ratos del sol… así pasaron muchos días.

Gerda znala každou květinu. Ale třeba jich bylo sebevíc, přece se jí zdálo, že jedna chybí. Ale nevěděla, která to je.

Gerda conocía todas y cada una de las flores y, a pesar de todas las que había, tenía la sensación que allí faltaba alguna, aunque le resultara imposible decir cuál.

Jednoho dne seděla a zadívala se na stařenčin klobouk s malovanými květinami, mezi nimiž nejkrásnější byla růže.

Un buen día, mientras estaba sentada en el jardín, se fijó en el gran sombrero de la vieja, lleno de flores pintadas, y observó que las más bella era justamente una rosa.

Stařena zapomněla sejmout ji s klobouku, když ostatní schovala pod zem.

La vieja se había olvidado de quitarla del sombrero cuando hizo desaparecer a las otras bajo tierra.

Ale tak tomu bývá, že zřídka máme všechny myšlenky pohromadě.

¡No se puede estar en todo!

„Cože!“ zvolala Gerda. „Nejsou zde žádné růže?“ I poskakovala mezi záhony, hledala a hledala, ale nemohla žádnou růži nalézt.
I sedla si a dala se do pláče. Ale její horké slzy dopadly právě tam, kde se propadl jeden růžový keř. Když teplé slzy ovlažily půdu, vyrazil ze země keř v plném květu, jako byl, než se propadl. Gerda jej objímala, líbala růže a myslila na krásné růže doma a s nimi na malého Kaje.

«¡Cómo! — se dijo Gerda — ¡No hay ninguna rosa en el jardín!» Corrió hacia los macizos de flores, buscó y rebuscó, pero no consiguió encontrar ningún rosal; muy triste, se sentó en el suelo y se puso a llorar; sus lágrimas fueron a caer precisamente sobre el lugar en que antes crecia un hermoso rosal y del suelo regado con sus lágrimas surgió de repente un arbusto, tan florido como en el momento en que la vieja lo había enterrado; la niña lo rodeó con sus brazos, besó las rosas y se acordó de las que tenía en el jardín de su buhardilla y, al mismo tiempo, de su amigo Kay.

„Ó, jak jen jsem mohla zapomenout!“ řeklo děvčátko. „Vždyť jsem měla hledat Kaje! Nevíte, kde je?“ ptala se růží. „Myslíte, že je mrtev a že zmizel?“

— ¡Oh, cuánto tiempo he perdido! — exclamó la niña— Debo encontrar a Kay .. ¿Sabéis donde está?— preguntó a las rosas — ¿Creéis que ha muerto?

„Mrtev není,“ řekly růže. „Byly jsme přece v zemi a v té jsou všichni mrtví; ale Kaj tam nebyl!“

— No, no ha muerto — respondieron las rosas— Nosotras hemos estado bajo tierra, donde están todos los muertos, y Kay no estaba allí.

„Děkuji vám!“ řekla malá Gerda, i šla k ostatním květinám, dívala se jim do kalíšků a tázala se: „Nevíte, kde je malý Kaj?“

— ¡Gracias! — dijo la pequeña Fué a ver a otras flores y mirando en sus cálices les preguntó: — ¿Sabéis donde está Kay?

Ale každá květinka snila v slunečním svitu svou vlastní pohádku. Gerda jich tolik od nich slyšela, ale žádná nevěděla o Kajovi.

Pero cada flor, vuelta hacia el sol, soñaba su propio cuento o imaginaba su propia historia; Gerda escuchó muchos de estos cuentos, pero ninguna flor sabía nada sobre Kay.

Co asi povídala zlatá lilie?

¿Qué le dijo el lirio rojo?

„Slyš buben: Bum! Bum! Jenom dva zvuky, stále jenom: Bum! Slyš smuteční zpěv žen! Slyš volání knězovo! — Ve své dlouhé, červené říze stojí hindská žena na hranici, plameny šlehají kolem ní a jejího mrtvého muže. Zdali plamen srdce zhyne v plameni hranice?“

— Escucha el tambor : ¡Bum! ¡Bum! No da más que dos notas, siempre igual: ¡Bum! ¡Bum! ¡Escucha el canto fúnebre de las mujeres! ¡Escucha la llamada de los sacerdotes! …
Vestida con su larga túnica roja, la mujer del hindú está de pie sobre la pira; se alzan las llamas, rodándola a ella y a su marido muerto; pero la mujer piensa en el hombre que está vivo entre la multitud que la circunda y cuyos ojos arden, más brillantes que las llamas; el fuego de sus ojos abrasa el corazón de la mujer antes de ser tocada por las llamas que convertirán en cenizas su cuerpo. ¿Podrá la llama del corazón morir entre las llamas de la pira?

„Tomuhle já vůbec nerozumím!“ řekla malá Gerda.

— No comprendo nada en absoluta — dijo la pequeña Gerda.

„To je moje pohádka!“ pravila zlatá lilie.

— Es mi cuento — respondió el lirio rojo.

Co mluvil svlačec?

¿ Qué le dijo la enredadera ?

„Tam nad úzkou pěšinkou visí starý rytířský hrad. Hustý svlačec rozrostl se po starých, červených zdech, lupen na lupenu až k besídce. Tam stojí krásná dívka, naklání se přes zábradlí a dívá se na pěšinku. Žádná růže, klonící se mezi větvičkami, není svěžejší nežli ona; žádný květ jabloně se nechvěje nedočkavěji, když jej vítr odvívá ze stromu, nežli se chvěje ona. Jak šustí její nádherný šat! On ještě nepřichází!“

— Al final del estrecho sendero que discsurre por la montaña, se levanta una antigua mansión; una hiedra tupida crece por sus muros desgastados y rojizos, hasta el balcón al que se asoma una bellísima joven; se inclina sobre el balaustrada y dirige su mirada hacia el camino. Más lozana que la más bella de las rosas, más ligera que una flor de manzano llevada por el vieno, al moverse, los pliegues de su vestido de seda parecen susurrar: ¿Cuándo llegará?

„Koho myslíš? Kaje?“ ptala se malá Gerda.

— ¿Te refieres a Kay? — Preguntó Gerda.

„Já mluvím jenom o své pohádce, o svém snu,“ odpověděl svlačec.

— Sólo te he contado mi sueño … un cuento — respondió la enredadera.

Co říkala malá sněženka?

¿ Que le dijo el narciso de las nieves ?

„Mezi dvěma stromy visí na provazech dlouhé prkno, je to houpačka. Dvě hezounké dětičky — jejich šaty jsou bílé jak sníh a zelené hedvábné stuhy vlají z jejich klobouků — jsou na ní a houpají se.

— Entre los árboles, colgada de una rama, hay una tabla suspendida de dos cuerdas y dos niñas se están columpiando en ella; sus vestidos son blancos como la nieve y de sus sombreros culegan cintas de seda verde que ondean al viento;

Bratr, větší z obou, stojí na houpačce, jednou rukou obemyká provaz, aby se udržel, neboť v druhé ruce má hrneček, v ústech má stébélko. Houpačka se hýbe a bubliny s krásnými, duhovými barvami poletují;

el hermano mayor, de pie sobre el columpio, rodea las cuerdas con sus brazos para no caerse; en una mano sostiene una copa, en la otra, una caña para hacer pompas de jabón; el columpio se balancea y las pompas se elevan por el aire con bonitos colores irisados;

poslední ještě visí na stébélku a otáčí se vánkem. Černý psík, lehký jako ty bubliny, vzpřímí se na zadních nohách a chce také na houpačku; ta uletí, pes upadne, štěká a zlobí se. Děti jej dráždí — a bubliny praskají. Můj zpěv je takové houpající se prkno, takový praskající bublinový obrázek!“

la última está todavía en el extremo del tubo y se mece con el viento; el columpio se balancea. Un perrillo negro, ligero como las pompas, se levanta sobre sus patas traseras, queriendo subirse al columpio; se alza, cae, ladra, se enfada; las risas de unos niños, unas pompas que estallan en el aire… el balanceo de un columpio, una espuma que se rompe … ¡Esta es mi canción!

„Snad je to pěkné, co vypravuješ, ale povídáš to tak smutně a vůbec ani nejmenuješ Kaje.“
Co povídají hyacinty?

— Es bonito lo que cuentas, pero tu tono es trsite y para nada me hablas de Kay …
¿ Que le dijeron los jacintos ?

„Byly tři krásné sestry, docela průhledné a jemné. Jedna nosila červené šaty, druhá modré a třetí úplně bílé. Ruku v ruce tančily na břehu tichého jezera v jasné záři měsíční. Nebyly to víly, byly to dcery lidí.

— Había una vez tres hermanas encantadoras, menudas y delicadas; el vestido de la primera era rojo, el de la segunda, azul, y el de la tercera, blanco; cogidas de la mano, bailaban a la luz de la luna junto al lago apacible.

Byla tam překrásná vůně a dívky zmizely v lese. Vůně se ještě zesílila. — Tři rakve, v nichž ty tři krásné dívky ležely, sjely z lesní houštiny na jezero. Svatojánské mušky poletovaly kolem, svítíce jako chvějící se světélka.

El ambiente estaba perfumado, las tres hermanas desaparecieron en el bosque, aumentó la gragancia del aire … Tres féretros, en los que yacían las tres niñas, salieron de la espesura y se deslizaron por el lago rodeados de lucérnagas que volaban a su alrededor como pequeñas luciérnagas que volaban a su alrededor como pequeñas lamparillas aladas.

Spí ty tančící dívky, či jsou mrtvy? Vůně květin praví, že to jsou mrtvoly; klekáníček vyzvání mrtvým!“

¿Duermen las bailarinas? ¿O acaso están muertas? El perfume de las flores nos cuenta que están muertas. La campana de la tarde repica por los muertos…

„Vždyť mě celou rozesmutníš,“ pravila malá Gerda. „Voníš tak silně, že musím myslit na mrtvé dívky! Ach, je tedy Kaj opravdu mrtev? Růže přece byly dole v zemi a říkají, že ne.“

— Me pones muy trsite — dijo la pequeña Gerda — Tu aroma es intenso. ¡Me haces pensar en las niñas muertas! ¡Ay! ¿Habrá muerto mi amigo Kay? Las rosas han estado bajo tierra y me aseguran que no.

„Kling, klang!“ zněly zvonečky hyacintů. „My nevyzváníme malému Kajovi, vždyť ho ani neznáme! Zpíváme jenom svou píseň, jedinou, již známe!“

— ¡Din! ¡Dan! — tañeron las campanas del jacinto — No tocamos por el pequeño Kay, pues no le conocemos. Sólo cantamos nuestra canción, la única que sabemos.

A malá Gerda šla k blatouchu, který zářil mezi svými lesklými zelenými listy.

Gerda se volvió hacia el ranúnculo amarillo, que brillaba entre el verdor reluciente de las hojas.

„Ty jsi malé, jasné slunéčko,“ řekla Gerda. „Pověz mi, víš-li, kde najdu svého malého přítele?“

— Eres como un pequeño y luminoso sol — le dijo Gerda— Dime, si lo sabes, dónde puedo encontrar a mi amigo.

A blatouch zářil velmi krásně a díval se na Gerdu. Jakou píseň by dovedl on zpívat? Jistě nikoli o Kajovi.

El renáculo miró a Gerda y brilló con intensidad ¿Qué canción le cantaría el ranúnculo? Probablemente él tampoco le hablaria de Kay.

„Na jeden malý dvorek svítilo velmi teple boží slunéčko; byl první jarní den. Jeho paprsky se smekly po bílé sousední zdi, vedle níž těsně rostla první žlutá květina a zářila jako zlato v teplých paprscích slunce.

— El primer día de la primavera, el sol de Nuestro Señor lucía cálido en el cielo, acariciando con sus rayos las blancas paredes de una pequeña casita; muy cerca, florecían las primeras flores amarillas, cual oro luminoso al tibio resplandor del sol;

Stará babička seděla venku ve své lenošce; její vnučka, chudá, hezká služebná, přišla domů na krátkou návštěvu. Políbila babičku. V tomto upřímném políbení bylo zlato, opravdové zlato srdce; v ústech zlato, v duši zlato a na vše zářilo zlaté slunce.

la vieja abuela, sentada en su silla junto a la casa, esperaba la visita de su nieta, pobre y linda muchachita que trabajaba de criada; al llegar, la chiquilla abrazó a la abuela. Había oro, oro del corazón, en este beso bendecido. Oro en los labios, oro en el fondo del ser, oro en la hora del alba.

Hleď, to je moje pohádka!“ řekl blatouch.

Esta es mi pequeña historia — dijo el ranúnculo.

„Moje stará, ubohá babička!“ povzdechla Gerda. „Ona jistě po mně teskní, truchlí pro mne, jako truchlila pro malého Kaje. Ale však já se již brzy navrátím domů a přivedu s sebou ještě Kaje. Ptát se květin nic nepomáhá, ty znají jenom svou píseň a mně nedovedou poradit!“

—¡Mi pobre y vieja abuela! — suspiró Gerda — Sí, sin duda está inquieta y apenada por mí, tanto como por el pequeño Kay. Pero volveré pronto, llevando a Kay conmigo … Es inútil que interrogue a las flores, sólo conocen su propia canción, ¡No me dan ninguna pista!

Vykasala si sukénku, aby mohla rychleji utíkat. Ale narcis ji šlehl přes nohu, když jej přeskakovala. Zastavila se, podívala se na štíhlou květinku a otázala se:
„Víš snad ty něco?“ A sehnula se k němu.
Hle, co povídal narcis:

Se recogió su falda para correr mejor y cuando saltaba por encima del narciso, éste le dio un golpecito en la pierna; Gerda se detuvo, miró la esbelta flor amarilla y preguntó:
— ¿Sabes tú algo, quizás … ?
Se inclinó sobre el narciso y .. ¿Qué fué lo que le dijo?

„Vidím sám sebe! Vidím sám sebe! Ó, ó, jak voním! — V podkrovní světničce stojí polooblečená malá tanečnice. Stojí hned na jedné, hned na obou nohou, dupá na celý svět, ale jest jenom přeludem.

— ¡Puedo verme a mí mismo! ¡Puedo verme a mí mismo! ¡Oh, oh, oh qué bien huelo! … Allá arriba, en la buhardilla, a medio vestir, hay una pequeña bailarina; tan pronto se sotiene sobre una pierna, como lo hace sobre las dos, todo es pura fantasía;

Stříká vodu z čajové konvice na kus látky, kterou drží v ruce; je to šněrovačka. — Čistota je dobrá věc! Bílé šaty visí na věšáku, také ty vyprala v čajové konvici a usušila na střeše!

con el pie manda a paseo a todo el mundo y vierte el agua de la tetera sobre una pieza de tela: su corsé… La limpieza es una gran cualidad; el traje blanco está colgado en la percha; tamién lo ha lavado con té y después lo ha puesto a secar en el tejado;

Oblékla si je a uvázala si šátek jako šafrán žlutý okolo krku, aby se šaty zdály ještě bělostnějšími. Nohu vzhůru! Hle, jak se panenka vznáší na stonku! Vidím sám sebe! Vidím sám sebe!“

la bailarina se pone su vestido y, para resaltar su blancura, rodea su cuello con una toquilla de color amarilla azafrán. ¡La pierna en alto! ¡Ahí está, erguida sobre un sólo tallo! ¡Puedo verme a mí mismo! ¡Puedo verme a mí mismo!

„Ale o to se já nestarám!“ řekla Gerda. „Tohle vypravování není pro mne!“ A Gerda běžela k plotu zahrady.

— Todo eso me resulta indiferente — dijo Gerda —, no significa nada para mí.
Y salió corriendo, corriendo hacia el otro extremo del jardín.

Dvířka však byla zamčena. Opřela se tedy o zrezavělou kliku, až povolila, a dveře se rozlétly a dívenka vyběhla bosa do širého světa.

La puerta estaba cerrada y tuvo que forzar el enmohecido picaporte, que cedió; se abrió la puerta y la pequeña Gerda, con sus pies descalzos, se lanzó de nuevo al vasto mundo.

Třikrát se ohlédla, ale nikdo za ní neběžel. Konečně již nemohla běžet, i posadila se na velký kámen. Když se pak rozhlížela, bylo jaro již dávno pryč, byl pozdní podzim. V krásné zahradě, kde bylo stále slunce a květiny kvetly ve všech ročních dobách, to Gerda nezpozorovala.

Tres veces se volvió para mirar hacia atrás, pero nadie la seguía; al rato, se cansó de correr, se sentó sobre una piedra, miró a su alrededor y comprobó que el verano había quedado atrás: era otoño avanzado; no había podido darse cuenta de ello en el jardín encantado de la vieja, donde siempre brillaba el sol y habían flores de todas las estaciones.

Bože, to jsem se zdržela! pomyslila si. Vždyť již nastal podzim! To si musím pospíšit! Vstala rychle a vydala se na cestu.

—¡Dios mío, cuánto tiempo he perdido! — Pensó Gerda — ¡Estamos ya en otoño! ¡No puedo perder tiempo descansando!— Y se levantó, dispuesta a reemprender su búsqueda.

Ó, jak ji nožičky bolely únavou! A kolem dokola byla zima a smutno. Dlouhé vrbové listy byly úplně žluté, rosa se v nich slévala a kanula dolů. A list za listem padal. Jenom trnka měla plody, ale tak trpké, že stahovaly ústa.

¡Ah, qué cansados y doloridos estaban sus pies! ¡Y qué aspecto tan frío e ingrato tenía todo a su alrededor! Los sauces estaban amarillentos y la niebla humedecía sus hojas que, una tras otra, iban cayendo sobre el suelo; sólo el ciruelo silvestre conservaba sus frutos, tan ásperos que hacían rechinar los dientes.

Ó, jak šedý a smutný se jí zdál širý svět! — —

¡Oh que trsite y hosco parecía el vasto mundo!

Čtvrtá pohádka. O princi a princezně

Cuarto episodio. El Príncipe y la Princesa

Gerda si musila zase odpočinout. Po sněhu, hned proti místu, kde ona seděla, poskakovala velká vrána. Seděla tu již dlouho, dívala se na Gerdu a pokyvovala hlavou. Řekla: „Krá! Krá! — Dobrý den! Dobrý den!“

Gerda tuvo que pararse a descansar de nuevo; sobre la nieve, ante ella, saltó una corneja; el ave se quedó allí un buen rato, la miró, moviendo la cabeza, y dijo:
— ¡Kra, kra! ¿Qué tal va?

Nic lepšího nedovedla říci, ale smýšlela s dívčinou velmi dobře. Ptala se jí, kam jde tak sama po širém světě.

La corneja no sabía hablar mucho, pero estaba bien dispuesta hacia la niña y le preguntó a dónde se dirigía, tan sola por el vasto mundo.

Gerda porozuměla velmi dobře slovu „sama“ a cítila, co to znamená. I vyprávěla vráně celý svůj život a osud a otázala se jí, neviděla-li Kaje.

Gerda reparó especialmente en esa palabra: sola, y sintió de pronto todo lo que eso significaba; le contó su historia a la corneja y le preguntó si no había visto a Kay.

Vrána pokyvovala velmi vážně hlavou a potom zakrákala:
„To by mohlo být! To by mohlo být!“

La corneja sacudió la cabeza con aire reflexivo y dijo:
— ¡Posible, Posible!

„Cože? Ty myslíš!“ zvolala dívenka a byla by vránu umačkala, jak ji líbala.

— ¿De verdad? — gritó la niña.
A punto estuvo de asfixiar a la corneja de tanto que la abrazó.

„No jen rozumně!“ řekla vrána. „Myslím, že by to mohl být malý Kaj. Ale jistě na tebe zapomněl pro svou princeznu.“

— Suavemente, suavemente .. — dijo la corneja — Creo que puede tratarse del pequeño Kay, pero parece que te ha olvidado por princesa.

„On že je u nějaké princezny?“ ptala se Gerda.

— ¿Vive con una princesa? — Preguntó Gerda.

„Ano, poslyš!“ řekla vrána. „Ale mně je tak obtížné hovořit tvou řečí. Rozumíš-li vraní řeči, budu ti lépe vypravovat!“

— Sí, escucha — dijo la corneja — Tengo muchas dificultades para hablar tu idioma; si comprendes la lengua de las cornejas, te lo podré contar mucho mejor.

„Ne, tomu jsem se neučila!“ pravila Gerda. „Ale babička to dovedla a rozuměla ještě všelijakým řečem. Že jsem se tomu nenaučila!“

— No, nunca la he aprendido— respondió Gerda—, aunque la abuela la sabía .. ¡y también el javanés!

„Nevadí!“ řekla vrána. „Budu vypravovat, jak jen dovedu, ale za mnoho to ovšem nebude stát.“
I vypravovala, co věděla:

— Eso no me sirve de mucho — dijo la corneja — En fin, te contaré lo mejor que pueda; ya me disculparás si no me expreso bien.

„V království, v němž jsme nyní, bydlí úžasně chytrá princezna. Však také přečetla všechny noviny, co jich je na světě, a zase to zapomněla, tak je chytrá.

Y la corneja le contó lo que sabía:
— En el reino del que procedo vive una princesa dotada de una inteligencia prodiciosa. Ha leído todos los periódicos que existen en el mundo … ¡Y los ha olvidado! ¡Hasta tal punto es inteligente!

Onehdy sedí na trůně, což ovšem není nijak zvlášť zábavné, jak se o tom tvrdívá, i začne si pobrukovat tuhletu písničku: ‚Pročpak bych se nevdávala!‘ —

Hace algún tiempo, un día que se encontraba sentada en el trono —lo que, según se dice, no es nada divertido— se puso a canturrear una canción que decía : «¿por qué no me casaré?».

‚Vida, to je nápad!‘ povídá si a rozhodla se, že se provdá. Ale chtěla jen takového muže, který dovede odpovědět, když je osloven, a ne takového, který jenom stojí a vypadá vznešeně, neboť to je velmi nudné.

«Bueno, es una idea», pensó ella, y decidió casarse, pero quería un esposo que supiera responder a sus preguntas, un hombre que no se contentara tan sólo con tener un aspecto distinguido, pues eso acaba resultado demasiado aburrido.

I dala svolat všechny dvorní dámy. Když se dověděly, co princezna zamýšlí, velmi se zaradovaly. ‚Tohle je hezké!‘ říkala každá. ‚Právě jsem na to také myslila!‘ — Věř mi, každé slovo je pravdivé, co ti tady říkám!“ dodala vrána.
„Mám krotkou přítelkyni, která se volně prochází po zámku, ta mi tohle všechno vypravovala!“

Convocó a todas las damas de honor, que, al enterarse de sus proyectos, le manifestaron su aprobación. «Cuánto nos complace — le dijeron—, ya habíamos pensado en ello.»
Lo que te cuento — adivirtió la corneja — es completamente verídico, puedes creerme. Tengo una novia domesticada que circula libremente por el castillo y ella es quien me lo ha contado todo.

Toť se rozumí, že ta její přítelkyně byla také vrána, neboť „vrána k vráně sedá“, praví přísloví.

Naturalmete, su novia era también una corneja, pues cada corneja se junta con su pareja.

A vrána pokračovala: „Noviny hned vycházely s rámcem ze samých srdcí a v těch byla začáteční písmena princeznina. V těch novinách stálo, že každý mladý muž slušného zevnějšku smí přijít na zámek a hovořit s princeznou. Z těch, kteří budou před ní mluvit, aby to bylo k poslouchání, vezme si za muže toho, který bude mluvit nejlépe!

En los periódicos se publicó un edicto con una orla de corazones y las iniciales de la princesa; en él se anunciaba que todo joven de buen porte podía presentarse en el castillo para hablar con la princesa; aquel que se comportara de forma más correcta y demostrara ser mejor conversador, se casaria con ella.

— Ano, ano! Mně to můžeš věřit, je to tak pravda, jako že zde sedím. Muži se hrnuli, byla tam tlačenice, ale nikomu se nepodařilo ani prvý, ani druhý den získat princeznu.

— Créeme — insisitó la corneja—, lo que te cuento es tan cierto como que estoy aquí ahora mismo.

Všichni pěkně mluvili, dokud byli venku na ulici, ale jakmile vešli do zámeckých vrat a spatřili postříbřenou stráž a na schodech lokaje samé zlato, a velké osvětlené sály, byli náramně pomatení. A když stáli před trůnem, na němž seděla princezna, nedovedli říci nic víc nežli opakovat poslední slovo, které ona řekla. Princezna ovšem neměla chuti slyšet to ještě jednou.

Todos era muy capacies de hablar mientras estaban en la calle, pero en cuanto franqueban las puertas del castillo, veían a la guardia con sus uniformes plateados y a los lacayos vestidos en oro por las escaleras y los grandes salones deslumbrantes de luz, se quedaban desconcertados; más aún: al llegar ante el trono, todo lo que sabían hacer era repetir la última palabra pronunciada por la princesa y que ella, naturalmente, no tenía el menor interés en escuchar de nuevo.

Vypadalo to, jako by se uchazeči, dokud byli uvnitř, napolykali šňupavého tabáku a přicházely na ně mrákoty; jakmile však vyšli na ulici, ano, to zase již dovedli hovořit.

Parecía que hubieran ingerido rapé y se hubieran quedado atontados … hasta que, de vuelta otra vez en la calle, podían hablar de nuevo normalmente.

Stáli tak v řadě od městské brány až k zámku. Já sama jsem se byla na to podívat!“ pravila vrána. „Hladověli a měli žízeň,“ pokračovala, „ale ze zámku se jim nedostalo ani sklenice odražené vody.

Los pretendientes formaban una larga cola que llegaba desde las puertas de la ciudad hasta el castillo. Yo mismo me acerqué a verles — dijo la corneja — Tras tantas horas de espera, terminaban por tener hambre y sed, pero nada recibían del castillo, ni tan siquiera un vaso de agua.

Nejchytřejší si vzali sice s sebou chléb s máslem, ale nerozdělili se se sousedy. Každý si myslil: Jenom vyhlížej hodně hladově, pak si tě princezna nevezme!“

Algunos, los más espabilados, se habían llevado rebanadas de pan con mantequilla que se negaban a compartir con nadie, pues pensaban: «Si tienen aspecto de hambrientos, no serán elegidos por la princesa».

„Ale Kaj, malý Kaj!“ ptala se Gerda. „Kdy přišel! Byl mezi zástupem?“

— Pero Kay, el pequeño Kay … — preguntó Gerda — ¿Cuándo llegó? ¿Estaba entre toda aquella gente?

„Jen počkej, jen počkej! Již jsme u něho! Třetího dne přišel chlapec bez koní a kočáru. Vesele kráčel rovnou k zámku. Jeho oči zářily jako tvoje, měl krásné, dlouhé vlasy, ale chudobné šaty.“

— Paciencia, paciencia, ahora llegaremos a él. Era el tercer día cuando apareció un pequeño personaje, sin caballo ni carruaje, que con paso decidido subió derecho hacia el castillo; sus ojos brillaban como brillan los tuyos, su cabello era largo y hermoso, aunque sus vestiduras eran pobres.

„To byl Kaj!“ jásala Gerda. „Ó, tedy jsem jej našla!“ A tleskala rukama.

— ¡Era Kay! — interrumpió Gerda entusiasmada — ¡Oh, lo encontré! ¡Lo encontré! — exclamaba dando palmadas.

„Na zádech měl raneček,“ dodala vrána.

— Llevaba un pequeño morral a la espalda — continuó la corneja.

„Ne, to byly zajisté jeho sáňky!“ namítla Gerda. „Neboť se sáňkami odešel!“

— No, seguramente se trataba de su trineo — observó Gerda — Cuando desapareció llevaba consigo su trineo.

„To by mohlo být!“ řekla vrána. „Neprohlížela jsem jej tak zblízka. Ale to vím od své krotké přítelkyně, že když vešel do zámeckých vrat a spatřil postříbřenou stráž a na schodech lokaje samé zlato, nepřišel ani v nejmenším do rozpaků, ale pokynul jim a řekl:

— Puede ser — dijo la corneja —, no pude verlo de cerca; pero sé por mi novia domesticada que cuando entró en el castillo y vio la guarda con sus uniformes plateados y sobre las escaleras los lacayos vestidos en oro, no se intimidó en absoluto; les saludó con la cabeza y dijo:

‚To je asi nudné, takhle stát na schodech; já raději půjdu dovnitř!‘

«Debe ser aburrido quedarse en las escaleras, prefiero entrar dentro».

Tam zářily sály v plném osvětlení. Tajní radové a excelence tam chodili slavnostně a nosili zlaté nádoby. Chlapcovy boty příšerně vrzaly, ale on si z toho nic nedělal!“

Los salones estaban deslumbrantes. Chambelanes y consejeros andaban descalzos para no hacer ruido portando bandejas de oro. ¡Era algo impresionante! A cada pisada, sus botas crujían terriblemente, pero él no parecía preocuparse lo más mínimo por eso.

„To byl docela jistě Kaj!“ zvolala Gerda. „Já vím, měl nové boty, slyšela jsem v pokoji u babičky, jak vržou!“

— Sin duda se trata de Kay — dijo Gerda—. Sé que tenía zapatos nuevos; los oí crujir en la habitación de la abuela.

„Ano, vrzaly!“ pravila vrána. „A on šel vesele přímo k princezně. Ta seděla na perle, veliké jako kolo od kolovratu, a všechny dvorní dámy se svými služkami a služkami služek a všichni kavalíři se svými sluhy a sluhy sluhů, kteří měli ještě zase své pomocníky, byli tu rozestaveni, a čím blíže stáli u dveří, tím pyšněji vypadali.

— Cierto, hacían mucho ruido— dijo la corneja—. Audazmente avanzó hacia la princesa, que estaba sentada sobre una perla tan grande como la rueda de una rueca; todas las damas de la corte, con sus servidores y los criados de los servidores, estaban alineados ante ella; cuant más cerca estaban de la puerta, más orgulloso aparecía su semblante.

Ani na pomocníka sluhy sluhova, který stále chodí v pantoflích, by sis málem netroufala podívat, tak pyšně stál ve dveřích!“

El pequeño paje del criado de un servidor, que va siempre con pantuflas, tenía un aspecto imponente, ¡tan orgulloso se sentía de estar junto a la puerta!

„To je asi strašlivé!“ řekla malá Gerda. „A Kaj přece dostal princeznu?“

— Eso debe ser horrible — dijo la pequeña Gerda —¿Y consiguió Kay casarse con la princesa?

„Kdybych nebyla vránou, tedy bych ji dostala já, i kdybych byla zasnoubena. On prý mluvil právě tak dobře, jako mluvím já, hovořím-li havraní řečí — tomu jsem se naučila od své krotké přítelkyně.

— Si no hubiera sido corneja, sin duda habría sido yo el elegido, aunque lo cierto es que estoy ya prometido. En cualquier caso, parece que el joven habló tan bien como yo mismo pueda hacerlo cuando me expreso en mi lengua; mi novia domesticada así me lo ha dicho.

Byl veselý a roztomilý. Nepřišel vůbec, aby se o ni ucházel, nýbrž jen, aby slyšel princezniny moudré řeči. A ona se mu líbila právě tak, jako se jí líbil on.“

Era intrépido y gentil; en realidad no había venido a pedir la mano de la princesa, sino tan sólo a constatar su inteligencia, que valoró en alto grado, así como la princesa, a su vez, estimó altamente la de él.

„No, ovšem! To byl Kaj!“ zvolala Gerda. „Byl vždycky velmi chytrý, znal velkou násobilku i se zlomky! Ó, nechtěla bys mě vést do zámku?“

— ¡Sí, seguro que se trataba de Kay! — exclamó Gerda—. Era tan inteligente que sabía calcular de memoria incluso con fracciones… ¡Oh! ¿Por que no me introduces en el castillo?

„Ovšem, to se snadno řekne!“ pravila vrána. „Jenom jak to uděláme? Promluvím o tom se svou přítelkyní, ta nám poradí. Neboť, abych ti upřímně řekla, takové děvčátko, jako jsi ty, nesmí tam nikdy vkročit!“

— Bueno, eso es fácil de decir, pero no tanto de hacer — respondió la corneja— No sé cómo podríamos arreglarlo… Hablaré con mi novia domesticada; seguro que no puede sugerir algo; aunque debo decirte que, habitualmente, jamás se permite la entrada en el castillo a una niña como tú.

„Ale já smím!“ namítla Gerda. „Jakmile Kaj uslyší, že jsem nablízku, přijde hned pro mne!“

— ¡Entraré! — dijo Gerda —. Si Kay se entera de que estoy aquí, vendrá en seguida a buscarme.

„Tož na mne počkej tady u schodů!“ řekla vrána, potřepala hlavou a odlétla.

— Espérame allí, junto a la escalera— dijo la corneja volviendo la cabeza y emprendiendo el vuelo.

Teprve když nastal večer a setmělo se, přiletěla zpět.
„Krák! Krák!“ pravila. „Mám tě od své přítelkyně mnohokrát pozdravovat! A zde je kousek chleba pro tebe; vzala jej v kuchyni, kde je ho dost, a ty jsi asi hladová.

Cuando regresó, ya había oscurecido.
— ¡Kra, kra! — graznó— Mi novia te envía sus más cariñosos saludos; me ha dado este panecillo para ti; lo ha cogido de la cocina, donde siempre hay pan en abundancia; sin duda tendrás hambre…

— Není možné, abys vešla do zámku, protože jsi bosa. Postříbřená stráž a lokajové ve zlatě by tě nepustili. Ale neplač, dostaneš se tam přece. Moje přítelkyně ví o zadních schůdcích vedoucích k ložnici a také ví, kde je klíč od nich!“

No te será posible entrar descalza en el castillo; la guardia de uniformes plateados y los lacayos vestidos en oro no lo permitirían; pero no llores, porque, a pesar de todo, en seguida estarás dentro. Mi novia conoce una escalera secreta , que conduce al dormitorio; ella sabe donde se encuentra la llave.

I vešly spolu do zahrady, do velkého stromořadí, v němž list za listem již opadával. Když pak světla v zámku pohasínala, vedla vrána malou Gerdu k zadním dvířkám, která byla jenom přivřena.

Y se encaminaros hacia el jardín atravesando la gran alameda alfombrada por las hojas que caían de los árboles; las luces se fueron apagando una a una; cuando todo estuvo oscuro, la corneja condujo a la pequeña Gerda hasta una puerta trasera que se encontraba entornada.

Ó, jak bušilo Gerdino srdce úzkostí a touhou! Bylo jí, jako by se chystala k něčemu špatnému, a ona se přece chtěla přesvědčit, zdali je to malý Kaj.

¡Oh, como latía el corazón de Gerda por la inquietud y la ansiedad! Parecería que iba a hacer algo malo, cuando, en realidad, sólo quería saber si se trataba de su amigo Kay;

Ano, jistě je to on! Vzpomínala tak živě na jeho chytré oči, na jeho dlouhé vlasy: viděla jasně, jak se usmíval, když ještě sedali doma pod růžemi.

sí, tenía que ser él; pensaba en sus ojos vivos y en sus largos cabellos; creía verle sonreír,como cuando estaban sentados, allá en su casa, junto a los rosales.